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El nuevo paradigma educativo: adiós a las correas

 Vivimos en la era de la información, lo que no significa que estemos más informados que antes. La evolución y desarrollo de nuevos paradigmas en casi todos los ámbitos del quehacer humano suele avanzar a una velocidad mayor a nuestra capacidad de detenernos a reflexionar sobre el devenir de esta transformación. Pasamos entonces de una era a otra sin la convicción genuina de saber qué significa exactamente lo que leemos en los grandes titulares de la historia de la humanidad. Pero lo cierto es que la educación ha sufrido una revolución, y la sospecha de que los hijos de nuestros hijos crecerán y se desarrollarán en ámbitos educativos diametralmente opuestos al que vivieron sus padres y abuelos, es decir,  nosotros, señores, los últimos sufridos hijos de la correa en el salón de clases, es cada vez más certera. Mi profesor de matemáticas, además de otras materias como ciencias sociales, lenguaje, educación cívica y además tutor, entrenador de fútbol, fabulador poseso de historias inverosímiles y ducho conocedor de las artes milenarias de la sumisión (deberían haberlo visto adulando al Director…), nos enseñó dos cosas, que creo, fueron su legado más importante : los profesores también mienten (esto no lo dijo, pero lo deduje luego) y la letra con sangre entra (esto no lo dijo pero luego los vivimos en carne propia), y estos dos grandes axiomas fueron la base y cimiento de nuestra formación. Recuerdo una hermosa mañana invernal, de rocío húmedo en nuestros pulmones, de apretones matutinos en el microbús, de neblina y gris y tenue aureola de mañana escolar flotando en el ambiente, formando la fila en el patio del colegio y cantando el himno, recuerdo el piso mojado y el olor a avena de manzana caliente, y recuerdo también que la educación para nosotros era la uniformidad, la aceptación de las reglas y la cabeza baja, siempre, porque uno era un insignificante alumno y  jamás podía tener la razón. Desaprobados en matemáticas, al rincón, flameaba la correa en el aire, sonaba el cuero sobre los cuerpos no muy bien nutridos, y el profesor pensando  en  nuestro futuro, por supuesto. Serán hombres de bien, imagina. Desaprobados en lenguaje, al rincón, la correa aparece, todos en fila, todos desaprobados, todos bajo el rigor de la correa, de la educación, de la desinformación. Cuántas correas habrán necesitado para evidenciar el absurdo, cuánto cuero sobre la carne para dejar el medioevo de una buena vez. Ahora educación es una palabra de avanzada, sinónimo de algo que queremos en nuestros hijos. La era de la información nos transformó en una sociedad de la información, y aun la reflexión sobre las nuevas tendencias de esta acelerada evolución es lenta y cuidadosa, frente a la avalancha de cambios cuyas consecuencias presenciamos en lo que tarda un ojo en abrir y cerrarse. Información y educación son conceptos que van de la mano, el nuevo paradigma significa aprender a aprender, encontrar nuestro propio camino y destino bajo la premisa de que nosotros construimos nuestro aprendizaje, y que debemos disfrutar también aprendiendo, encontrando siempre un sentido y desarrollando siempre nuestra creatividad a través de habilidades y de estrategias, recordando siempre que en algún momento padecimos el rigor de la correa en el claustro escolar, y que fuimos los mártires de esta nueva era de la educación y de la información.

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