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Lo polidimensional de la corrupción

La corrupción es un fenómeno estructural que violenta las diferentes relaciones sociales existentes en la sociedad. Violenta las relaciones políticas que debilitan al Estado y a las relaciones económicas que, bajo la apariencia de reducir costos, afectan a los más necesitados. Asimismo, violenta las relaciones personales al introducir patrones fuera de las reglas social. De esta forma, el conjunto de valores que deben ser la base de una sociedad democrática son dejados de lado. En rigor, la corrupción como fenómeno estructural violenta al individuo y al mundo social, político, económico y cultural que le rodea.

La corrupción es polidimensional. Para combatirla, ninguna dimensión puede ser descartada. En sí, la corrupción atenta contra la dignidad de los seres humanos. Toda acción corrupta afecta el ejercicio pleno de los derechos humanos, así como, la satisfacción de las necesidades de estos. Afecta el desarrollo de las personas puesto que las priva de poder desarrollar sus capacidades. Ésta es la dimensión personal de la corrupción.

Por otro lado, la corrupción afecta las relaciones sociales de las personas. Introduce prácticas de conducta fuera de las reglas socialmente admitidas. Resquebraja y debilita los mecanismos de producción y reproducción social de una comunidad. En sí, toda acción corrupta afecta el ejercicio pleno de los derechos de la sociedad. Imposibilita la satisfacción de sus necesidades. Atenta contra su dignidad colectiva. Esta es la dimensión social de la corrupción.

La corrupción distorsiona la economía. Resulta obvio que las acciones corruptas, a diferencia de lo que antes se entendía, incrementan los costos de los productos. Las coimas clandestinas aumentan los costos de producción. Este sobrecosto, planificado o no, se traslada luego al precio del producto o servicio. Quien recurre al sobrecosto corrupto desplaza al que no recurre al mismo. La distorsión de igualdad de reglas para todos ha sido consumada. Ésta es una parte de la dimensión económica de la corrupción.

Asimismo, los recursos utilizados en la corrupción, por otro lado, desvían fondos para actividades que no necesariamente son prioritarias para la sociedad o para las personas más necesitadas. La corrupción impide invertir o focalizar la actividad pública, social o privada en programas sociales orientados a combatir la pobreza. Por este motivo , es que afecta directamente a los más pobres, no sólo porque encarece los productos sino porque los priva de recursos públicos que podrían destinarse a programas que los beneficien. Ésta es la otra parte de la dimensión económica de la corrupción.

Otro aspecto que cabe mencionar es que la corrupción debilita a la democracia. La realización de actividades y prácticas ajenas a las reglas o normas admitidas que no respetan los procedimientos y mecanismos oficiales de las instituciones públicas atentan contra la eficiencia y credibilidad de las mismas. El debilitamiento institucional afecta la consolidación y el desarrollo de la democracia. En sí, la corrupción atenta contra el equilibrio de poderes, propicia la clandestinidad en desmedro de la publicidad, concentra y oculta información, promueve una cultura del secreto en lugar de una cultura de la transparencia. La democracia es equilibrio de poderes que van desde la información, la participación y la transparencia. Lo ideal sería ver a la democracia como un derecho personal y social, como una forma de gobierno, como un modo de vida. Es decir, verla como un modelo. Como una cultura anticorrupción. Sin embargo, si se da todo lo contrario, la democracia se estanca, se debilita, se destruye. Ésta es la dimensión política de la corrupción.

La democracia se debilita mucho más cuando, desde las propias esferas del Estado o del gobierno, la corrupción se convierte en instrumento de gestión gubernamental. Marcos en las Filipinas, Duvalier en Haiti, Ceucescu en Rumania, Noriega en Panamá, los Salinas de Gortari en México, Videla en Argentina, Fujimori y Montesinos en el Perú, son algunos ejemplos de cómo la corrupción ha tomado por asalto, capturado, con elecciones o sin ellas, a diferentes Estados.

Finalmente, se puede decir que la corrupción es una contracultura. Los valores de justicia, equidad, igualdad, tolerancia, democracia, son dejados de lado por prácticas clandestinas que buscan beneficios particulares en desmedro de los colectivos  sociales. Por ello, la corrupción es sumamente peligrosa, porque no es un conjunto de actos aislados sino la viva expresión de prácticas y comportamientos que se dan dentro de las sociedades. En sí, no es fortuita ni espontánea, no es circunstancial ni estática. La corrupción como contracultura es un motor dinámico de nuestras sociedades que tiene raíces históricas. Ésta es la dimensión cultural de la corrupción.

La corrupción es un fenómeno global. La corrupción se fortalece cuando los grandes centros de poder político y económico en el mundo (países desarrollados y grandes transnacionales) no sólo realizan y auspician prácticas corruptas sino, también, cuando dichos centros de poder propician, negocian, toleran y hasta se asocian con gobiernos corruptos. La corrupción local o nacional se optimiza e integra con la transnacional. Esta es la dimensión transnacional de la corrupción.

Asumir la pluralidad de dimensiones de la corrupción permitirá diseñar mejores propuestas para combatirla. La solución está al alcance de todos. Primordialmente de la sociedad en su conjunto. Combatir todas sus dimensiones puede resultar algo complejo pero gracias a la educación aún es posible de lograr. Sin embargo, si nadie hace nada al respecto, el futuro de las sociedades no será muy prometedor.

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