La función del cerebro
Pensemos en una secuencia simple de nuestra vida, nos encontramos conduciendo nuestro auto por la ciudad, las luces del semáforo cambian a rojo y nos detenemos. ¿Qué pasa realmente en esos segundos? Sus ojos, mientras miran el camino que tienen enfrente, son atraídos por el patrón “luz roja”. El estímulo eléctrico que viaja de la retina del ojo hacia el cerebro (donde se encuentra el centro de control de la visión) viene acompañado de cambios químicos. El significado del estimulo –la luz roja- se comprueba, se analiza y se compara con otras experiencias de “luz roja” archivadas en la memoria. Una luz roja puede significar algo más que “alto”. Pero, en este caso, el cerebro reconoce una orden particular y familiar y establece un programa de conducta aprendida. Quizás su primera reacción sea considerar (con gran rapidez) si puede o no adelantarse a la luz roja, o si puede violar la ley y evitar chocar otro vehiculo. Esta apreciación y su resultado se derivaran de experiencias anteriores como: el conocimiento del camino, su capacidad como conductor, la potencia de su automóvil y su punto de vista sobre la forma de conducir y sobre la ley. Las percepciones del momento también se toman en cuenta: ¿hay peatones u oficiales policíacos alrededor? ¿Qué tan cerca están los demás autos? ¿Está algún auto deportivo o alguna carroza fúnebre esperando cruzar la calle? En ese momento, la conclusión a todas sus interrogantes es que debe obedecer a la señal. Su pie se retira del acelerador y se coloca en el freno. Hasta ahora todo el proceso ha sido continuo y rápido. Miles de neuronas se “activaron”; lo mensajes cruzaron rápidamente por su cabeza y su cuerpo. En total, deben haber recorrido una distancia mayor a la usted iba a recorrer. Su cuerpo se ha puesto un poco tenso, sus manos se aferran al volante de la dirección con más firmeza, los músculos de la parte inferior del tronco, las piernas y los pies se encuentran preparados para asegurarse de emplear la cantidad de presión exacta.En esta etapa comienzan a entrar en juego otros sentidos. Los ojos siguen enviando la información al cerebro, pero el sentido del equilibrio (el sentido vestibular) reporta la sensación de disminución de la velocidad. Los músculos, a su vez, están “retroalimentando” la información. Se están tomando decisiones. ¿Es necesario aumentar la presión que se ejerce en el freno o disminuirla un poco? ¿Es ya tiempo de cambiar de velocidad? ¡Y pensar que conducir era sencillo! Se podría escribir mucho más sobre la implicancia de psicología en el hecho de manejar y sobre la decisión de “arriesgarse" y ganarle a la luz roja. Con todo esto, el problema de la transmisión nerviosa-la forma en que los mensajes e impulsos pueden recorrer todo el cuerpo – aún no ha ido tomado en consideración. Pero el ejemplo nos da una pequeña idea de los elaborados componentes que encierra una acción que tendemos a dar por establecida: detener la marcha del automóvil. Debe reconocerse que por lo menos este grado de actividad fisiológica existe en todo cuanto hacemos a diario y que el espectáculo ofrecido por “la maquina suave” se convierte en algo irresistible y realmente milagroso.Muchas personas suponen que la ciencia” disculpa” las maravillas y los misterios mediante explicaciones. Sencillamente, esto no es así. Internarse en la ciencia es descubrir maravillas a la vuelta de la esquina.
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